Ocho cosas, en el orden en que salen del mismo caldero de leche.
01
Caș
lo primero que suelta la leche
30 minutos después del ordeño
La leche, recién ordeñada y aún animada por el calor del animal, recibe cuajo y se deja en paz. En media hora se parte en dos mundos: uno blanco y denso, que se junta solo, y otro verdoso, que queda encima. El pastor hunde las manos en el caldero, levanta la cuajada como si fuera masa, la reúne en un paño y la cuelga a escurrir. Lo que le queda en las palmas es el caș: dulce, sin sal, con sabor a hierba y a humo.
Se come ese mismo día, cortado grueso, con polenta caliente.
02
Urdă
la segunda vida del suero
una hora después del caș
El suero que queda después del caș parece agua para tirar. El pastor lo vuelve a poner al fuego y lo lleva casi al hervor. Entonces, en la superficie, se levanta una nube blanca y delicada que un instante antes no estaba. Se toma con la cuchara, se posa en un paño y se deja escurrir. La urdă es todo lo que la leche guardaba aún para sí después de haber dado el caș: dulce, ligera, casi dulzona.
Sola, con eneldo, o mezclada con nata sobre la polenta.
03
Balmoș
polenta cocida en nata, no en agua
40 minutos al caldero
No se le pone agua. Al caldero va nata espesa, que se deja hervir hasta que la mantequilla empieza a subir. Solo entonces se echa la harina de maíz, a mano, en lluvia, removiendo siempre en el mismo sentido. La masa espesa y se vuelve dorada, y hacia el final se rompen dentro trozos de caș, que se funden en hilos. El balmoș es la polenta llevada hasta el final: rica, densa, comida de pastores.
Se come directamente del caldero, ardiendo, con cuchara de madera.
04
Jintiță
lo que queda en el caldero después de la urdă
lo que dure la urdă
Una vez que la urdă ha subido y ha sido retirada, en el caldero queda un líquido amarillento, con ojos de grasa en la superficie. Eso es la jintiță. Los pastores la beben caliente, directamente de la taza, porque es lo último que la leche tiene por dar. Sabe a queso fundido y a humo, es ácida, y sorprende a quien no está acostumbrado.
Se bebe caliente, el día en que se hace. Al día siguiente ya no hay.
05
Queso amasado
el caș que ha tenido tiempo de asentarse
de dos días a dos semanas
El caș que se deja madurar unos días se vuelve quebradizo y más fuerte de sabor. Entonces se rompe en trozos, se sala y se amasa a mano hasta que vuelve a ser una sola masa. Se prensa en un recipiente de corteza de abeto o en una tina de madera y se deja en frío. El amasado no es un formalismo: rompe la estructura y deja que la sal entre por todas partes, y el queso adquiere ese picor que el caș no tiene.
Aguanta meses enteros. Con cebolla y pan negro.
06
Mantequilla de majada
nata batida hasta que se rompe
20 minutos de batido
La nata se pone en la mantequera y se bate con el émbolo, arriba y abajo, minutos enteros. Al principio no pasa nada. Luego, de golpe, la emulsión cede: la grasa se junta en granos amarillos y el resto se vuelve suero de mantequilla, líquido y ácido. Los granos se recogen, se lavan en agua fría y se trabajan a mano hasta sacarles toda el agua. La mantequilla de majada es amarilla, no blanca, porque la vaca comió hierba y no pienso.
Sobre polenta caliente, donde se derrite antes de llegar a la boca.
07
Polenta al caldero
sobre el fuego, no sobre el fogón
25 minutos
El caldero de hierro cuelga sobre el fuego abierto, no sobre una placa. El agua hierve de forma desigual y la harina de maíz entra en lluvia, con sal, removida con el palo de madera hasta que no queda ni un grumo. La diferencia la marca el fondo del caldero, que se calienta más de lo que podría una sartén: ahí se forma la costra dorada que los pastores despegan al final y se comen aparte.
Se vuelca sobre la tabla de madera y se corta con hilo, nunca con cuchillo.
08
Caș ahumado
humo de abeto, cuatro días
tres o cuatro días sobre el hogar
El caș escurrido se coloca en estantes, arriba en la cabaña, justo encima del hogar que arde día y noche. El humo de abeto sube despacio y lo envuelve. En tres o cuatro días la corteza se vuelve naranja y dura, mientras el interior sigue blando. El humo no es solo aroma: seca la superficie y la cierra, y el queso aguanta en el monte toda la temporada, sin nevera.
Cortado fino, como un embutido. Viaja en la mochila sin estropearse.